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Cruz de Navajas (por una mujer)

  • Por una mujer llamada  Marta, que se puso mala mala (mala eres) el día de antes y se cayó de la convocatoria.

Queridos lectores! El domingo hicimos ruta por Navajas, Albacete… Qué noooo! Navajas es de Castellón, pero le pega el nombre. Ya sabéis, por lo de las…navajas.
Con Navajas nos pasaba igual que con Chulilla, que íbamos mucho pero a comer y a perrear. A hacer ruta no íbamos, no.

En esta ocasión, el equipo lo formamos Luis, Miguel, María, Norte, Félix, la cabra Violeta y myself.

En estas fotos aparecen Violeta y Norte. Por si os liáis, Norte lleva puesto el nombre.

 

El recorido fue un poco improvisado, pero he de  decir que fue uno de los que más me ha gustado si tengo que elegir entre los últimos que hemos hecho (recordad la catástrofe de Villamarxant).

Navajas – Vía Verde – embalse del Regajo – Baños – Salto de la Novia-Navajas. Unos 10 kms en total,  muy ricos y muy a gusto.

 

Empezamos la ruta con un pequeño ascenso por detrás del restaurante Altomira, para unirnos después a la Vía Verde de Ojos Negros. Resulta que es la vía  más  larga de España, 160km me dice Google. Así que ná, un giganticidio de vía.

Ya véis que el camino era muy guay. Túneles amenizando la caminata y mucho ambientillo de runners, walkers y bikers. Tramos largos con montaña a un lado y vistas como éstas al otro:

La única pega que le pongo al día, fotográficamente hablando, es el cielo. El sielo, mi sielo. Ni una nube, ningún algo. Ningún nada. Un cielo sin gracia que quema las fotos y se queda más ancho que largo.

El caso, que dejamos la vía verde en un cruce. Giramos a la derecha y de repente se nos aparece un pequeño lago. Jóvenes cerveceros pasaban la mañana tirando la caña, y las vías del tren pasaban la mañana pasando por encima. El agua estaba calma, y eso es muy bien, fotográficamente hablando, porque los reflejos de las cosas son más nítidos.

Pues después del momento lago vino el momento Regajo. Ya tú sabeh, se fue al Regajo y le comieron… Yo nunca había estado en el embalse, y la ruta improvisada resulta que atravesaba la presa! Así que genial! ¿A quién no le va a gustar atravesar una buena presa?!

Al final de la presa, a la izquierda, la gente va a hacer piraguas y deportes así de remo. Y a la derecha hay una arboleda con mesas de piedra con forma hexagonal. Que son perfectas para jugar al Monopoli si sois 6 personas. Y para almorzar. Nosotros almorzamos allí y también muy bien.

Después izquierda, luego derecha, otra vez derecha y comenzamos a caminar por el bosque. Subimos y bajamos siguiendo un camino y llegamos a Los Baños. Booooooom!!! Súper pueblo minúsculo con más puentes que casas (solo tiene un puente).

En este punto caminamos acompañados del río Palancia, por una senda de acequias muy guay, con tramos con cadenas porque el paso era algo estrecho. Este camino nos llevó a la parte baja del pueblo de Navajas. Allí conocimos a Violeta la lechuguina.

El último tramo antes de llegar al salto de la novia, y sin dejar la orilla del río Palancia, ofrecía un paisaje que cambiaba por momentos. De repente perros de peluche sin hocico (no lo vais a entender, da igual, no alterarsen), de repente árboles selváticos, de repente puentes, de repente llanos, de perrente cardos, de perrente fuentes.

 

Finalmente llegamos al ansiado salto de La Novia. Bajaba bastante agua. Bastante, nivel: te pones debajo del chorrazo y el agua te aplasta la cabeza contra las rocas sin inmutarse.

 

Además, asistimos al primero baño en agua salvaje de Norte. Bueno, casi todos, porque María se lo perdió por estar leyendo la historia del salto de la Novia. Moraleja: no leais cosas (solo mi blog =D).

Terminamos subiendo la rampa esa que odias tanto subir de Navajas. La que tienes que subir por cojones si has ido a  pasar el día al Salto de la Novia y tienes que volver al coche. Y nos despedimos tras tomarnos una cervecita, por lo bien que lo habíamos hecho!

 

Saluditos amigos, y hasta la próxima!!

 

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¡Chu-Chu-Chulilla!

Sí amigos! Una vez más volvemos a Chulilla! En concreto el pasado domingo 30 de Abril. Y adivinad qué?! Por fin hemos hecho una ruta!!
Pero lo primero, primero. Esto es Chulilla:

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El pueblo en sí es pequeñete, pero que da mucho juego porque tiene un cañón justo debajo, con agua, cortados, bosque… En fin, que puedes ser reincidente y no te cansas de Chulilla.

Nuestro equipo de routters (osea, personas que hacen rutas) estaba compuesto por cinco chicos (Félix, Toni, Raúl, Miguel y servidor), tres chicas (Laura, María y Julia), dos beibis (Daniel y Oli Oli), tres perros (Jackson, Bimba y Khal) y una muleta (que lógicamente no tiene nombre).

No madrugamos mucho, y fuimos directamente a almorzar a la plaza del pueblo, “Plaza de la Baronía”. No tiene pérdida: tú entras a Chulilla, que solo tiene una calle, y ya La Baronía, y ya sales del pueblo. Ya sentados con nuestros bocatas de jamón en el boquino, empezaron a poner al Milindri a tope en unos altavoces. ¿Pero esto qué eeees? Pues era EL QUINTO Y TAPA DE CHULILLA. Sí, hasta en Chulilla hacen quinto y tapa. Han creado un monstruo.

En fin, que con los bocadillos de jamón ya digeridos, y con más pan y más jamón comprado para el picnic, comenzamos la ruta. Fue una ruta sencilla: Plaza de La Baronía – Charco Azul – Plaza de La Baronía. Cuatro kilómetros en total. Perfecto si vas con  muleta, perro e hijo a cuestas.

De camino al Charco Azul, te encuentras con estos canales de agua, contruídos hace un porrón de años para llevar agua al pueblo, y que además controlan el cauce del río para que no explosione y lo pete todo en época de lluvias. El camino es muy chulillo (guiño).

El Charco Azul, resulta que es un remanso de agua que no es azul, es verde, bueno turquesita, bueno soy daltónico. Pero está muy guay porque puedes recorrerlo por un lado caminando por unas tablas ultra peligrosas. Y lo que molan las tablas peligrosas qué? eh?

Visto el charco, a comernos el bocata de jamón, que nos estuvo muy rico también. Después unas lonchas de jamón así sin pan, que había sobrado, y de postre jamón confitado con dulce de jamón (es coña).

Los perretes en el río disfrutaron like little people. El grandullón con modo centrifugado ON es Jackson. El pequeño con centrifugadeichon too, Khal. Y la que reclama su preciado palo, Bimba.

Bañados los perretes, vuelta al pueblo, un café en…Adivina! La plaza de La Baronía, y para casa.

Un día muy chu-chu-chuuuuuli! ¿Cuándo repetimos equipo?

Por cierto, a las afueras había un plantío de coles precioso!

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HIJA DE RUTA

Este viernes nos pegamos un bonito madrugón (pero tampoco mucho) para hacer una ruta por la montaña.
En concreto, fuimos a Vilamarxant.  La ruta nos llevaba a lo alto de la Rodana Gran, descendía por detrás de la misma y rodeaba la Rodana del Pic. Una ruta circular de unos 12kms. Todo esto teóricamente claro.

Aparcamos a las afueras de Vilamarxant, en el encantador parking del cementerio… Y en el primer kilómetro ya empezamos a escalar casi. Bueno escalar no, pero el desnivel se notaba. La subida era montaña a través, así que moló.

 

 

En el segundo kilómetro ya estábamos en la cima. Todos vivos. Y las vistas fuero nuestra recompensa a semejante esfuerzo matutino.

 

Estaba todo cubierto de albaida,y podía oírse el zumbido de las abejas polinizando.


(Aquí viene el video de las abejas polinizando en la albaida, con el sonido del zumbido, en plan súper guay todo. Pero no soy premium y el señor WordPress no me deja subir videos)


Un poquito más arriba están las antenas. “Las antenas” son dos palabras que oyen los ciclistas y se les ponen las orejas de punta como a los perretes. Y ya solo quieren coger la bici para subir a las antenas. Estaba todo lleno de ciclistas.
Pero vamos, que no merece mucho la pena. Es solo por decir “aleee que yo he subido a lo más alto de la Rodana y tu nooo”.

Y en seguida empezamos el descenso. Que fue por camino, no por dentro de la montaña, cosa que no mola mucho.

047R copiaEl perrete es Nelson.

 

Una vez abajo, atravesamos un valle muy bonito. Para mí lo más bonito de  la ruta junto con las vistas de Vilamarxant desde la cima.

 

En mitad del valle este almorzamos. Y ya la ruta fue un poco mierder. De ahí lo de “hija de ruta”. Nos salió un poco rana. Vamos que ni Rodana del Pic ni nada.

¿Y por qué? Pues porque hacía calor y queríamos llegar al coche y beber cerveza. Entonces tiramos por otro lado, y claro, ya el paisaje no fue de montaña anymore.

Al principio algunas casitas muy bonitas por el camino, entre montaña. Del tipo “Oh! qué bonita” y “pues molaría tener una casa aquí“, pero después ya no había camino, sino carretera. Y ya no había casas bonitas, sino casas de mier** que no acababan nunca. Un calor del copón y ni una sombra ni media.

Total, que por querer acortar la ruta tan bonita de 12km, en plena montaña y que subía a dos picos, acabamos haciendo 10km, 5 de ellos por carretera. Ea.

Lo único así medio bonico que encontré en ese tramo fueron los trigos de arriba y estos arboletes.

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Y nada, esto es todo. Porque después intentamos ir a un área recreativa que había cerca, pero estaba petadísima y no podíamos ni aparcar. Nos fuimos a Lliria a tomar una birra en el Bar Restaurante Toni (el camarero es encantador, no dudéis en tomaros una birra en el Bar Restaurante Toni de Lliria). Y después fuimos a comer al chalet de una amiga. “Al chalet de una amiga” es lo típico que dices cuando te preguntan -¿qué has hecho este finde?, y tú dices -“hemos ido AL CHALET DE UNA AMIGA”, así como sin importancia pero en plan “mira que plan más molón y tú te has comido una mierda en casa”. Pues eso.

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Volver a Morella

Resulta que por estas fechas, hace un año, volví a Morella.  Y si digo “volví”, se deduce que había estado antes claro. El propio verbo lo indica.

Bueno, pues la vez aquella que estuve en Morella, fue por una excursión con el colegio, y me perdí. Y me cayó bronca de los profes en Morella, de mis padres en casa, y de los profes otra vez en el colegio. De ahí ese gustillo amargo del título de este post.

 

El puerto de Morella es un coñazo supremo, eso es así. Pero cuando lo pasas ya ves esta vista y se te quita el cabreo. Y ya no tienes ganas de volverte a casa. Y ya tienes otra vez ganas de visitar Morella.

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Además, de los dos días que estuvimos, día y medio lloviendo. Lo bueno: que la sopa morellana que nos clavamos en el restaurante de nuestro hotel, Cardenal Ram, nos supo a gloria pura.

En los ratitos que no llovía (que no fueron muchos), pude tirar algunas fotos de la muralla medieval que rodea el pueblo.

 

Y también de la catedral

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Todo el mundo sabe que Morella es otro de los pueblos más bonitos de España, como pasa con Rubielos de Mora, y esto es así, entre otras cosas, por su castillo. El último día, poco antes de irnos, la lluvia nos dio tregua y subimos.

 

 

Aunque para mi lo mejor del castillo son sus vistas.

 

 

Así pues, pese a su puerto y su lluvia, y pese a que este arco del castillo me recordara a mi profe del cole en aquella excursión, conseguí quitarme el saborcillo amargo que  en su día me dejó esta bonita ciudad medieval.

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Y fin.

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Ser rubielo, ser de mora

El sábado pasado estuve en Rubielos de Mora. Igual os suena porque está al lado de Mora de Rubielos (el de los outlets), o porque ganó el concurso “Luce tu pueblo” de Ferrero Rocher en 2016.

En Rubielos la gente (la poca que hay) es muy simpática. Y muy cercana. Almorzamos en El Aljibe un buen bocadillo de jamón de teruel (d.o.), y la mujer que lleva el bar nos dió un mapa y nos explicó qué ver por el pueblo.

 

-Fijaos en las farolas, todas son diferentes!- Nos dijo.

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El pueblo en sí es pequeño. Pero tiene algo que no se qué. O tuvo algo ese día. Ese día había un cielo espectacular. Y subimos a la torre de la iglesia a deleitarnos.

Me encanta fotografiar el cielo. Será por eso que siempre estoy en las nubes (juro que se me acaba de ocurrir, no estaba preparado).

Siempre ando mirando para arriba cuando llevo la Canon al cuello. Me tira más, pero merece la pena.

Y fin.